Tornati alla casa del Padre - Opera don Guanella

Fr. Rolando Jadiel Contrera Morales

 

" ...Con gratitudine conserva memoria di coloro che il Padre ha già chiamato nella sua Casa: alla divina misericordia affida la loro vita ed eleva suffragi..." (Cost. n.23)

 

Rolando Contreras Morales, el hermano global De Teodoro y Fresia nace, el 7 de enero de 1958, en la oficina salitrera de Humberstone, en pleno desierto de Atacama, en el extremo norte de Chile, es bautizado en la cercana parroquia de San José de Pozo Al Monte el 7 de julio del mismo año, en medio de la pampa del Tamarugal, donde árboles fuertes se desarrollan con dificultad en el desierto, pero que absorben cada gota de agua que transporta la niebla, a semejanza de la savia del Espíritu Santo que vitaliza hasta lo más árido.
Devotísimo de la Virgen del Carmen, cada vez que subiendo al Santuario de la Virgen en La Tirana, visitará su pueblo natal hoy abandonado y lo recorrerá con mucha emoción. El desierto marca su vida, la soledad, el silencio interior y la reflexión ante la inmensidad de Dios, en la arena del desierto y las montañas con sus distintas tonalidades ocultando sus metales, así descubre la rudeza de la vida que más adelante en compañía de sus 11 hermanos lo hará emprender el trabajo desde la primera adolescencia.
De su madre, ciertamente aprendió a amar, en primer lugar su familia biológica, pero también a su familia religiosa y por así decirlo a la familia global, siempre atento por su padre, sus hermanos, sobrinos, primos y tíos, lugar que visitaba era un lugar para encontrar un pariente cercano o lejano. Desarrolló su apostolado entre las familias visitándolas, acompañándolas en la pobreza y enfermedad, en las celebraciones, momentos de alegría y dolor. Era convocado o irrumpía entre las familias cuando había algún problema de compresión, comunicación o división, dedicó horas de su vida llamando a la unidad, a recuperar el amor y el sacrificio por la familia, a pesar de su poca instrucción las personas reconocían su sentido a favor de la familia.
Otra característica reconocida y valorizada por todos en Rolando, que siguiendo la indicación de Pedro en casa de Cornelio, “no hacía acepción de personas”, intuye en todos, varones y mujeres, niños y ancianos, ricos y pobres, enfermos y sanos la imagen y semejanza de Dios, visitaba todos los barrios, cárceles, hospitales, clínicas y cementerios de la segregada sociedad chilena. Todos siempre quedaban reconfortados por la naturalidad con que cultivaba las relaciones interpersonales.
También tenía sus preferencias políticas, pero por la Política con mayúsculas, la que busca el bien común de acuerdo con la doctrina social de la iglesia, se informaba, estaba pendiente de los acontecimientos de la historia de su pueblo. Tenía una especial sintonía con las personas necesitadas a las que también encausaba para que utilizaran los servicios sociales del estado. Valorizaba sobremanera la democracia, seguramente porque sufrió en carne propia las dificultades que ocasionaron los días grises y dolorosos de la dictadura militar. Tenía conocimiento de los personajes que forjaron la vida sindical y política, su madre fue una reconocida dirigente social, además acompañó a muchos que quedaron excluidos y marginados por sus opciones políticas en los centros de detención y el exilio.
El servicio marcó su vida desde siempre, en su propia familia, pero también entre las personas de su barrio, trabajó varios años en el hospital de Arica cuidando ancianos donde no dejaba de utilizar parte de los pocos recursos que conseguía para sepultar difuntos abandonados o sin familiares.
En un trabajo de promoción vocacional al norte de Chile conoce la Congregación, el primer contacto es con P. Silvano Poletto, quien lo invitará al “ven y verás” de esta forma llega a Renca en 1981, con mucha esperanza y alegría a concretizar esta llamada, acá permanece por 3 años de preparación y estudio no sin dificultades. Se familiariza con la misión de la Congregación entre los necesitados y especialmente lo discapacitados donde con alegría va descubriendo el rostro de Cristo entre los más pequeños. Es acá donde tiene sus primeros encuentros con el idioma italiano que estudiará en distintas etapas llegando solo a un “itañolo” incipiente, pero con mucha expresión y vehemencia que confundiría a muchos.
En año 1984 hace su noviciado en Tapiales, son los años en que la integración de muchos estudiantes procedentes de los distintos países que conformaban la Provincia ocasiona una rica experiencia de interculturalidad que sirve para asimilar los propios valores culturales, religiosos, pero también cargados de nacionalismo que hacían un tanto difícil la convivencia, pero como Pablo se hizo a todas las nacionalidades. Luego tiene una fuerte experiencia de servicio con los ancianos junto al noviciado, son ellos los que recibirán sus atenciones básicas y de enfermería, al compás de algún tango.
Su corazón permaneció siempre en Batuco donde conoció la cruz de los benjamines de la Providencia, pero también conoció y amo su propia cruz. Por varios años y en distintas temporadas trabajó en los varios servicios en la casa, enfermería, lavandería, búsqueda de recursos y sacristía. Los buenos hijos le transmitían el agradecimiento, la fe, esperanza y la perseverancia en los momentos difíciles como cuando se descubre su insuficiencia renal, que luego de un buen momento, gracias a la donación del riñón de su hermano, llegarían otras complicaciones de salud y animo.
Muchos se lo recordaran con su sonrisa, el ruido de sus carcajadas y la voz potente de sus canciones, prefiero recordarlo como el "hombre humilde" que conociendo sus limitaciones y defectos nunca hizo ostentación de lo que no era, vivió su propia verdad, como don de la gracia de Dios, no aparentando grandeza ni mostrando máscaras, siempre amó sus orígenes y aceptó con grandeza sus debilidades; gran mensaje para este mundo de las apariencias y competencia desenfrenada.
Nació pobre, vivió pobre y el 12 de abril de 2021 en Renca donde comenzó su vivencia como guanelliano, muere pobre. En la oración que elevo por su persona, veo al Santo Fundador junto a todos los necesitados que lo invitan a cantar el himno: Bienaventurados los pobres, porque está escrito que de ellos es el Reino de los cielos.

P. Nelson Jerez S.

 

Padre Armando Bredice

" ...Con gratitudine conserva memoria di coloro che il Padre ha già chiamato nella sua Casa: alla divina misericordia affida la loro vita ed eleva suffragi..." (Cost. n.23)

Nato a San Marco La Catola (FG), il 22 agosto 1917
Entrato a Fasano il 6 gennaio 1946
Noviziato a Barza d’Ispra il 1o settembre 1947
Prima Professione a Barza d’Ispra l’11 novembre 1949
Professione Perpetua a Barza d’Ispra il 29 maggio 1953
Sacerdote a Milano il 19 dicembre 1953
Morto a Brasilia (Brasile) il 15 marzo 2018
Sepolto nel cimitero di Brasilia (Brasile)

 

Padre Armando Celestino Bredice, chamado na família tio Tino, é o único sacerdote guanelliano que chegou à venerável idade de 100 anos e sete meses. Os cientistas hoje dizem que uma vida longeva é somente 7% resultado da genética, mas a família de Pe. Armando continua sendo uma família longeva que, com certeza, tem sua origem numa feliz combinação genética: o primeiro irmão Emílio faleceu com 101 e sete meses, um outro irmão Michele faleceu com 106 anos, uma das irmãs, Assunta, ainda viva com 103 anos e a última irmã, Filomena, atualmente com 93 anos. No arquivo da história da Província Cruz del Sur encontra-se uma bonita síntese da vida e da história vocacional de Armando Celestino Bredice que deixo em língua castelhana: El Padre Armando Bredice nació el 22 de agosto de 1917 en la ciudad de San Marco La Cátola, en la región de Apulia, Italia. Durante la Segunda Guerra Mundial, participó como Teniente y comandó un grupo de tanques de choque, actuando en los campos de batalla de Verona, Brennero y Austria...pero en su alma aleteaba una voz que le llamaba a dejarlo todo para seguir a Cristo y luchar la batalla para ganar soldados de Cristo, aunque no encontraba el ejército donde enrolarse... Hasta que un día en Roma, entrando en la Basílica de San José, se encontró con el Padre Giuseppe Preatoni, quien le sugirió ir a la Ciudad de Fasano-Brindisi, a una Casa Guanelliana, donde tuvo la respuesta que buscaba e inició el camino hacia el sacerdocio: tenía 28 años, la Gracia de Dios, muchas ilusiones y un gran y ferviente deseo de servir a Dios en sus semejantes. Hace su Profesión Perpetua en Como, el 30 de mayo de 1953, y el 19 de diciembre de ese mismo año, recibe la Ordenación Sacerdotal del hoy día bienaventurado Beato Cardenal Ildefonso Schüster, en la Catedral de Milán. Fue la última ordenación sacerdotal realizada por el Beato. En Paraguay, fue solo un Teniente Cura de San Miguel y Profesor del Seminario de Areguá, pero en Brasil, fue Párroco de varias Parroquias y donde quiera que vaya, ha dejado para la posteridad, obras materiales y espirituales que constituyen un orgullo para la Obra Don Guanella. El Padre Armando Bredice estuvo solamente cinco años en el Paraguay, pero ese tiempo fue suficiente para que se sintiera paraguayo y llevara en su corazón católico-universal las inquietudes, las ilusiones y las esperanzas del pueblo paraguayo que amó y nunca olvidó. Las comunidades parroquiales de San Pablo y de Brasilia, le han rendido homenajes por sus 50 años de Sacerdocio y las Cámaras de Senadores y de Diputados de la Capital del Brasil, el día 20 de agosto de 2004, le hicieron entrega del Título de Ciudadano Honorario de Brasilia, distinción honorífica nunca antes dada a un sacerdote. Nuestra gratitud al Señor por enviarnos al Padre Armando Bredice...No ano 2007 quando festejou 90 anos na comunidade de Brasília estavam presentes três amigos do Paraguai, antigos paroquianos da Paróquia San Miguel. Pe. Armando chegou ao Brasil, vindo do Paraguai no ano 1958. Ele tinha um temperamento forte, decidido, com espírito de iniciativa, grande organizador, às vezes um pouco autoritário, aberto às amizades com membros da Igreja, cardeais, dom Paulo Evaristo Arns, que chamava Pe. Armando “mosquito elétrico”, dom Claudio Hummes, dom Odilo Pedro Scherer entre outros e bispos, como também políticos e governadores influentes seja da cidade de São Paulo que de Brasília. Amizades que serviam para o bem da Província Santa Cruz, presente com várias Obras em São Paulo e Brasília. Quando festejou 100 anos, estiveram presentes na solene celebração na paroquia Santa Terezinha de Brasília, dois cardeais: dom Odilo Pedro Scherer e dom Sergio da Rocha e outros três bispos entre os quais dom Protógenes José Luft, guanelliano. Os cardeais estavam decidindo quem ia presidir a celebração e ele escutou e disse: «o festejado sou eu e eu presido». A sua missão na Congregação foi praticamente uma missão pastoral, foi pároco em várias paroquias no Brasil desde ano 1965 a 2003, abrindo Obras Sociais, como ele as chamava, para crianças e adolescentes pobres. O que chama a atenção na pessoa do Pe. Armando foram algumas paixões que ele demostrou ao longo de sua vida como religioso, sacerdote e pároco guanelliano: um grande amor à catequese que influenciou sobretudo a paróquia Santa Terezinha de Brasília, organizou várias etapas de catequese, superando muito o número de 1000 catequizandos; assim também um grande amor ao sacramento da Eucaristia; quando chegou em Agua Boa - Mato Grosso, em 2003, insistiu e conseguiu que fosse organizada a capela da comunidade; um amor e devoção especial à Virgem Maria, sem esquecer o seu espirito de oração, ajoelhou-se na capela da comunidade de Brasília até os últimos anos de sua vida. Sabe-se que na vigília dos festejos dos 100 anos passou longo tempo de oração diante do Santíssimo. Nunca deixou de celebrar a Santa Missa, ao menos que estivesse doente. Foi incansável em atender às confissões até os últimos anos. Um grande amor e espirito de pertença à Congregação, fazia questão de participar à Assembleia anual da Província Santa Cruz, a última vez que participou foi no ano 2012 com 95 anos. Os coirmãos aproveitaram a oportunidade para festejar a data e ele presidiu a Missa e fez a homilia. Não é possível esquecer a sua devoção aos santos, o primeiro dos quais São Luís Guanella e em especial Padre Pio – foi coroinha dele, teve a alegria de confessar-se com ele e quando voltava a Itália para passar alguns dias de férias na sua cidade natal nunca faltou de visitar Padre Pio. O santo de Pietrelcina, segundo o seu testemunho, o ajudou a enfrentar e superar momentos difíceis de sua vida. Em 2003 com 87 anos aceitou, com alguma dificuldade, deixar a Paróquia de São Paulo para ir como superior local na paróquia Nossa Senhora Aparecida em Água Boa no Mato Grosso, onde ficou dois anos. Enfim os superiores aceitaram o seu desejo de ir para Brasília, onde, amados por todos, bispos, coirmãos, cooperadores guanellianos, paroquianos, sempre com mente lúcida, deixou esta terra para o céu.

Pe. CIRO ATTANASIO

Termino citando o importante testemunho do Pe. Antônio Viana que como superior local, junto com outros coirmãos, o acompanhou nos últimos anos de sua vida. Já com seus 97 anos feitos em 22-8-14 era admirável seu dinamismo em todas as semanas ir para a CNBB uma tarde inteira para atender Bispos, Padres e Funcionários daquela entidade.

Padre Armando era Conselheiro espiritual de uma Equipe de Nossa Senhora (movimento de Casais que visam intensificar uma espiritualidade conjugal) e esta Equipe não queria que ele deixasse de ser seu Sacerdote e assim foi até as vésperas de seus 99 anos, quando mover-se já o fazia com bastante dificuldade. Quando vinha à Brasília, o Cardeal Dom Odilo Pedro Scherer, procurava sempre o Pe. Armando para que fosse atendido por ele. Outro aspecto admirável era a lucidez de Padre Armando que ficou claríssima até os seus 100 anos e seis meses. Fez sempre questão de celebrar a Eucaristia cotidiana e aos domingos queria concelebrar na igreja matriz, quando não mais podia ficar em pé, o fazia sentada na sua cadeira de rodas. E já depois dos 100 anos quando celebrar ou mesmo concelebrar ficou difícil pedia «não me deixem sem a Eucaristia». Em seguida pegava seu terço e rezava todo santo dia. Até os 99 anos Padre Armando participava em todas as iniciativas da Arquidiocese de Brasília, exceto as reuniões. E era impressionante o carinho que o povo de Brasília, não só do Cruzeiro Novo, tinha por ele. A devoção de Padre Armando por São Pio de Pieltrecina, segundo ele mesmo, era muito bela, e vem desde adolescente, quando, então, foi coroinha do Santo, e isso o fez conhecido em todo o Brasil. Foram muitas as vezes que pessoas de outros Estados do Brasil vindo à Brasília o procuravam aqui. E do Distrito Federal as visitas eram quase diárias. Sem falar das cartas que vez em quando recebia. Mas sem deixar de por menos aquela devoção a Maria Santíssima, «essa é a primeira e mais importante», dizia ele. Pe. Armando nos últimos três anos vinha perdendo a cada dia a audição, nem os aparelhos conseguiam fazê-lo escutar bem, contudo, todos os que pediam para confessar ou conversar com ele, jamais dizia não. E a audição não era impedimento nem para ele e nem para as pessoas, se precisasse falar ao “pé do ouvido” todos falavam sem qualquer dificuldade, para estas pessoas era suficiente serem abençoadas por ele. Padre Armando também escreveu um livro – O Último Canto do Cisne – prefaciado pelo Cardeal Arcebispo de São Paulo Odilo Pedro Scherer em junho de 2013, na véspera de seus 96 anos. E importante ver como ele conclui sua obra: «Ó mulher tão forte oferto-me a ti, pois sou pobrezinho, necessito de ti mais do que qualquer coisa, preciso do teu colo e ali descansar, almejo por ti se choro ou se sorrio, escuta meu grito! Beija-me na fronte mãe querida e faz-me teu. Toma-me pela mão e ensina-me a sofrer, rezar e amar. Nos teus braços e no teu colo eu estou seguro, fico tranquilo até os dias em que eternamente irei ficar contigo, doce senhora da minha vida. Ave Maria! O livro tem como tema principal sua devoção a Maria Santíssima». Por fim, quando se fazia necessário uma internação, o Padre Armando conseguia cativar toda aquela ala do hospital, seja os funcionários como até alguns doentes em melhor condição de saúde. Possuía uma facilidade de fazer amizades.

Testemunho do Pe. ANTôNIO VIANA

 

Fratel Giulio Minuzzo

" ...Con gratitudine conserva memoria di coloro che il Padre ha già chiamato nella sua Casa: alla divina misericordia affida la loro vita ed eleva suffragi..." (Cost. n.23)


Nato a Vallonara Marostica (VI) il 10 aprile 1939
Noviziato a Chiavenna dall’8 settembre 1984
Prima Professione a Chiavenna il 7 settembre 1985
Professione Perpetua a Castano Primo il 6 settembre 1992
Morto a Barza d’Ispra il 31 gennaio 2019
Sepolto nel cimitero di Barza d’Ispra

 

Fratel Giulio Minuzzo è nato a Vallonara di Marostica (VI) il 10 aprile 1939 da Vittorio e Cantoni Maria Gina, ultimo di cinque figli. Nella chiesa parrocchiale San Giovanni Battista riceve i Sacramenti dell’iniziazione cristiana. Frequenta la scuola del paese fino alla quinta elementare poi, appena adolescente, è immesso nel mondo del lavoro prima in fonderia poi in una fabbrica per la produzione e il restauro di mobili antichi. Proviene da una famiglia di sani principi umani e di fede tant’è che, proprio in quell’alveo familiare, Dio sceglie e chiama due suoi figli a lavorare nella sua vigna. Già avviatosi da anni nell’attività lavorativa, Giulio ha in animo di consacrare la sua vita a Dio; desiderio che comincia ad affiorare in lui quando, all’età di 18 anni, vede il fratello Giuseppe intraprendere il cammino verso il sacerdozio partendo per il Seminario minore guanelliano di Anzano del Parco (CO). La necessità di capire meglio quanto il Signore aveva tracciato per lui, unitamente al bisogno impellente di dover accudire la madre anziana ed inferma, convincono il suo cuore umile e generoso a rimanere nella casa paterna e cominciare lì ad esercitarsi nel servizio di carità, prendendosi cura, con dedizione, della mamma anziana e ammalata. Era oltre quarantenne quando, alla morte della madre, rimasto solo, Giulio poté riconsiderare il sogno fino ad allora custodito di entrare come Fratello religioso nell’Opera Don Guanella, realizzando così il desiderio ormai maturo che portava dentro di sé già da diversi anni. Presentato dal fratello don Giuseppe, Giulio fece così domanda di far parte della Famiglia di don Guanella. Accettato, l’8 settembre 1983 fa il suo ingresso nel Seminario di Anzano del Parco per l’anno di Postulato e l’anno successivo, con altri tre compagni, Giulio passa a Chiavenna (SO) dove, sotto la guida del padre maestro don Sandro Crippa, inizia la tappa formativa del Noviziato. Il 7 settembre 1985 emette i primi Voti che, il 6 settembre 1992 a Castano Primo (MI), allo scadere del sessennio, divennero perpetui. Non è facile tratteggiare la sua vita di umile Fratello religioso perché non è segnata da particolari incarichi o da svariati trasferimenti. Il suo curriculum religioso tratteggia il suo apostolato tra le Comunità di Castano Primo (9 anni: 1985-1994) e Barza d’Ispra (24 anni: 1995-2019) con l’intermezzo di un solo anno a Caidate (1994-1995). L’amorevole servizio espresso nella disponibilità alle varie mansioni e attività della Casa, portate avanti con quell’originalità e peculiarità sue proprie, fu l’ufficio che caratterizzò la sua vita di Religioso. Fratel Giulio passò senza far rumore, così come non ne fanno le pietre dell’edificio, che pure danno vita alla costruzione. Sempre discreto, piuttosto schivo, amava più il fare che il dire. Di carattere introverso, si limitava a pochi e brevi contatti con gli altri. Amò e servì così la Congregazione, esprimendo la sua appartenenza ad essa in un servizio prezioso di uffici umili e pure indispensabili. La figura di Fratel Giulio potrebbe apparire un’immagine senza contorni o bellezza d’insieme; Fratel Giulio ha sempre espresso servizi molto semplici, umili, apparentemente di poca rilevanza e importanza, ma proprio nella piccolezza dei suoi gesti ha realizzato questa chiamata ad essere un dono per gli altri. Con il suo “esserci” e con il suo “stare” silenzioso, fedele e vigile lì dove il Signore lo ha chiamato ad essere, ha saputo contribuire alla costruzione del Regno nella fedeltà al Cristo che lo ha chiamato a seguirlo più da vicino e che nelle ore pomeridiane del 31 gennaio 2019, giorno del suo onomastico, gli ha aperto le porte di quel Regno dove agli ultimi e agli umili è assicurato il primo posto.

Don DOMENICO SCIBETTA

 

Padre Atanásio Francisco Schwartz

 

" ...Con gratitudine conserva memoria di coloro che il Padre ha già chiamato nella sua Casa: alla divina misericordia affida la loro vita ed eleva suffragi..." (Cost. n.23)

 

Nato a Selbach (Brasile) il 24 aprile 1946
Noviziato a Canela dal 1o marzo 1966
Prima Professione a Canela il 1o marzo 1968
Professione Perpetua a Canela il 22 febbraio 1975
Sacerdote a Porto Alegre il 6 dicembre 1975
Morto a Porto Alegre il 2 agosto 2020
Sepolto nel cimitero di Porto Alegre (Brasile)

 

P. Atanásio Francisco Schwartz
Ho conosciuto P. Atanásio nell’anno 1971 quando lo incontrai a Roma nel Seminario teologico e iniziammo insieme il corso teologico, in quel tempo quasi tutti i professori erano nostri confratelli. Siamo rimasti insieme 3 anni, perchè lui, come gli altri confratelli brasiliani ritornarono in patria per terminare l’ultimo anno di teologia e poi essere ordinati. P. Atanasio fu ordinato sacerdote il 6 dicembre del 1975 nel Patronato Santo Antonio, in Carazinho, casa per bambini e adolescenti poveri fondata nel 1950. In quel tempo in regime di convitto e insieme, in reparto separato, c’era anche un buon numero di seminaristi.
P. Atanasio durante i suoi 45 anni di sacerdozio (a dicembre 2020 avrebbe festeggiato il 45° anniversario di ordinazione sacerdotale) ha portato avanti molte responsabilità nella Provincia brasiliana Santa Cruz, come superiore di comunità, direttore di Opere sia per ragazzi come per persone disabili, formatore, parroco. Per 9 anni è stato parroco della Parrocchia della Madonna del Lavoro a Porto Alegre, che durante il suo mandato ha ricevuto il titolo di Santuario della Madonna del lavoro. È suo l’inno che si canta sopratutto il giorno della festa patronale il primo maggio. Nella parrocchia di Capão da Canoa, dove anche è stato parroco con l’aiuto del popolo e soprattutto dei villeggianti di questa città balneare, ha costruito un Santuario in onore della Madonna del Lavoro. La preziosissima e grande statua in legno della Madonna fu donata dalla Provincia Sacro Cuore per interessamento dell’allora vicario generale don Umberto Brugnoni.
Cosa posso ricordare del confratello e amico P. Atanasio? Certamente che fu un confratello fedelissmo alla sua vocazione di religioso e sacerdote guanelliano e una persona entusiasta del carisma della Carità. Quando parlava del nostro carisma, che lo Spirito aveva ispirato al nostro santo Fondatore, i suoi occhi brillavano di gioia. Un uomo di preghiera. Durante il poco tempo in cui fu provinciale, i confratelli si meravigliavano come durante la preghiera in comunità non riusciva a partecipare, perchè soffriva di depressione, che forse è stata la causa anche delle altre malattie che dovette soffrire durante gli ultimi anni della sua vita. Esattamente a motivo di questa depressione, l’11 settembre del 2001, tutto il Consiglio provincile si dimise. Soffrì molto quando vari confratelli lasciarono la Provincia proprio durante il suo breve mandato di Provinciale. E lui, queste infedeltà, non riusciva proprio a comprenderle, ad ammetterle.
Un uomo di molta bontà, io direi di una dolce bontà, non ricordo che qualche volta si fosse arrabbiato, forse sì, ma rarissimamente, anche se non sono mai vissuto in comunità con lui.
Un entusiasta del carisma, della Congregazione, delle Opere di carità sparse nella Provincia. Forse alle volte un po’ troppo ottimista e idealista, però con una profonda fede nella Provvidenza di Dio, per la quale riuscì a fare tanto bene come direttore di attività e come parroco. Con la sua fede nella Divina Providenza, con la sua testimonianza e la sua dolce capacità di persuasione riuscì a costruire il grande e bel Santuario della Madonna del Lavoro a Capão da Canoa in poco tempo, con la collaborazione di benefattori e gente del popolo.
P. Atanásio ha lasciato questa terra, dopo alcuni anni di sofferenze, accompagnato dalla fraternità, amore e attenzione dei confratelli di Porto Alegre. Sofferenze accettate con fede e docilità alla volontà di Dio. Ci lascia una bella testimonianza di Servo della Carità. Che dal Cielo ci aiuti a essere fedeli alla nostra missione di uomini di Dio in questo mondo e preghi il Signore che ci invii molte e buone vocazioni per essere buoni samaritani al servizio dei poveri.

Pe. Ciro Attanasio

Superiore provinciale della Provincia Nuestra Señora de Guadalupe

 

 

 

Padre Anselmo Gandossini

" ...Con gratitudine conserva memoria di coloro che il Padre ha già chiamato nella sua Casa: alla divina misericordia affida la loro vita ed eleva suffragi..." (Cost. n.23)

 

Nato a Montagna (SO) il 22 luglio 1928
Entrato ad Anzano del Parco il 25 gennaio 1954
Noviziato a Barza d’Ispra il 1o settembre 1955
Prima Professione a Barza d’Ispra il 12 settembre 1957
Professione Perpetua a Chiavenna il 12 settembre 1960
Sacerdote a Como il 23 giugno 1963
Morto a Nuova Olonio il 13 luglio 2018
Sepolto nel cimitero di Montagna in Valtellina

 

Ogni volta che penso a don Anselmo Gandossini e al tempo vissuto con lui nella comunità di San Ferdinando (RC), sette anni dal 1997 al 2004, mi piace ricordarlo come un «un servo inutile che ha fato quello che doveva fare» (cfr. Lc 17,10).
Il Signore, che lo ha chiamato a sé lo scorso 13 luglio, si è servito di lui per manifestargli tutto il suo grande amore e la sua infinita carità. Caratteristiche di don Anselmo furono la semplicità interiore e la schiettezza dei modi grazie alle quali riusciva ad avvicinare chiunque ma, soprattutto, due dimensioni tipiche del guanelliano, l’allegrezza di spirito e l’operosità che attuava nella quotidianità il “corri corri guanelliano”: era instancabile, soprattutto nello svolgimento dei lavori meno appariscenti, i più umili e silenziosi. Nei ricordi di vita di quanti l’hanno conosciuto, la figura di don Anselmo spicca come quella di un uomo, anzitutto religioso e poi sacerdote, che traeva tutto il suo modo di vivere e operare dalla piena felicità di essere ciò che era. Porto nella memoria affettiva dei sette anni vissuti con don Anselmo a San Ferdinando tre aspetti della sua personalità di uomo, religioso e sacerdote: esperienze evangeliche che Papa Francesco oggi continuamente propone con forza e insistenza ai sacerdoti:
– don Anselmo è stato un sacerdote che ha pregato sempre senza stancarsi: aveva capito che se non rimaneva strettamente legato a Lui, la sua missione non poteva avere successo. Per questo ha sempre pregato e raccomandava agli altri di pregare;
– don Anselmo è stato un sacerdote che ha camminato sempre, perché un prete non è mai “arrivato”, è pellegrino sulle strade del Vangelo e della vita, mai dovrà spegnere la salutare inquietudine che gli fa tendere le mani al Signore per lasciarsi formare e riempire da Lui;
– don Anselmo è stato un sacerdote che ha saputo condividere con il cuore: essere preti è, infatti, giocarsi la vita per il Signore e per i fratelli, portando nella propria carne le gioie e le angosce del Popolo, spendendo tempo e ascolto per sanare le ferite degli altri, e offrendo a tutti la tenerezza del Padre.
A volte la sera, quando facevamo lunghe passeggiate sul lungomare di San Ferdinando, ci scambiavamo vicendevolmente confidenze. Don Anselmo nasce a Montagna, provincia di Sondrio, il 22-7-1928 da Angelo e Genoveffa Gandossini. Ultimo di quattro figli, nato dopo tre sorelle, diventa il beniamino della famiglia, il maschio tanto atteso, in grado di dare continuità al nome paterno.
Non sarà così, il Signore ha ben altri progetti su di lui: don Anselmo entra in seminario, in postulato, ad Anzano del Parco il 25-1-1954 all’età di 27 anni, fa parte della classe dei “fuochisti”, denominazione che indica le vocazioni adulte. Il primo settembre del 1955 entra in noviziato a Barza d’Ispra e dopo due anni, il 12-9-1957, emette la sua prima professione religiosa. Il 15-9-1958 inizia l’anno di tirocinio a Fara Novarese, Istituto san Gerolamo, come educatore dei ragazzi e il 12-9-1960, nella Comunità don Guanella di Chiavenna, emette la professione perpetua. Viene ordinato sacerdote nel Duomo di Como il 23-6-1963 dal Vescovo di Como, Mons. Felice Bonomini.
Subito dopo l’ordinazione sacerdotale, riceve l’obbedienza per andare prima a Milano, dal 1o-9-1963 al 1o-9-1964, e poi a Gatteo dal 1o-9-1964 al 1o-9-1965, come Assistente spirituale dei ragazzi. Successivamente riceve l’obbedienza per andare a Ferentino, dove rimane fino al 1o-9-1978 ricoprendo negli anni vari incarichi: vicario parrocchiale, parroco e, per finire, economo locale. Dal 1o settembre 1978 al 1o settembre 1985 deve guidare la comunità di Ceglie Messapica come superiore locale. Il 1o settembre 1975 per don Anselmo arriva la possibilità di dare testimonianza della sua inutilità evangelica in terra di Calabria: don Domenico Saginario, superiore provinciale in quegli anni, gli propone di recarsi a Laureana di Borrello (RC) come animatore vocazionale, la comunità religiosa di appartenenza è quella di Messina, con i cui membri condivide momenti di formazione e di incontri fraterni. A Laureana don Anselmo viene accolto dalle Figlie di Santa Maria della Provvidenza che gestiscono la scuola materna voluta da don Guanella nel 1912 ed intitolata a Domenico Lacquaniti Argirò, un dodicenne morto nel terremoto di Messina nel 1908.
Il Vescovo, Mons. Benigno Papa, affida a don Anselmo la Chiesa di San Francesco nei pressi della frazione di San Martino, sulla strada che porta a Rocca Cilento. Gli abitanti del posto si affezionano subito al sacerdote valtellinese che vive uno stile sobrio ed entra nelle loro case come uno di famiglia, ne riconoscono l’umiltà, lo sentono vicino e intravedono in lui un vero discepolo di don Guanella. Don Anselmo, aiutato da don Umberto Brugnoni, che da Messina si sposta spesso a Laureana, riesce a formare un gruppo di Cooperatori guanelliani che ancora oggi continua a prendersi cura degli anziani, dei ragazzi difficili e delle famiglie in difficoltà; è conosciuto anche nei paesi limitrofi, Galatro, Stelletanone, Ferroleto, San Ferdinando, Serrata, Rosarno, dove va spesso a sostituire il clero diocesano per le SS. Messe. Don Anselmo rimane a Laureana fino al 1o settembre del 1992 per poi recarsi ad Alberobello (BA) come economo locale nella casa Sant’Antonio dove rimane fino al 1o settembre del 1994. Solo due anni e poi, con la stessa mansione di economo, viene trasferito a Ceglie Messapica fino al 1997. Subito dopo riceve l’obbedienza per ritornare nuovamente in Calabria, con sua grande gioia, per rimanervi fino al 1o settembre del 2004: il paese è San Ferdinando, stessa diocesi di Laureana di Borrello, dove sostituisce don Pietro Scano. Qui viene accolto da don Luigi Bianchessi, parroco, e dal chierico Santino Maisano che verrà poi ordinato il 7 dicembre del 1997 a Messina. Il 2004 è l’anno del trasferimento di don Anselmo a Como, ormai sente il bisogno di avvicinarsi a suoi, alla sua terra, alle sue origini. Certamente non vuole andare in pensione, anzi dal 2006 al 2013 viene nominato cappellano delle suore guanelliane di Pianello Lario, Casa Sacro Cuore. Da qui si reca anche a Menaggio, paese vicino a Pianello, per dare assistenza spirituale ad un’altra comunità delle suore guanelliane.
Dal 1o settembre 2013 la salute di don Anselmo incomincia a peggiorare e i suoi superiori pensano di mandarlo a riposo nella Casa della Madonna del Lavoro di Nuova Olonio, dove rimane fino al 13 luglio 2018, giorno del suo ritorno alla Casa del Padre. Molti a san Ferdinando ricordano don Anselmo, spesso “in trasferta” a Laureana in sostituzione di don Francesco Fusca, assente nel periodo estivo per brevi vacanze. Anche qui si fa voler bene dalla gente del paese che lo cerca spesso per confessarsi, chiedere consigli, scambiare qualche parola con lui. Nonostante la sua età e qualche problema di salute, don Anselmo non si ferma mai, è sempre disponibile. Da “buon montanaro”, come don Guanella, lavora per diffondere il regno di Dio con uno stile semplice e con quella bontà di cuore che disarma chiunque lo incontra. Di don Anselmo non possiamo dimenticare il prodigarsi, insieme agli altri confratelli, in favore degli amici immigrati bulgari e rumeni negli anni dei forti flussi migratori provenienti dall’Est-Europa verso il Sud-Italia: la comunità religiosa, affidandosi unicamente alla Provvidenza, apre la Casa per offrire a chi ne ha bisogno un piatto caldo durante la stagione della raccolta di agrumi. L’iniziativa, negli anni, si trasforma in vero e proprio servizio mensa: una catena di montaggio che vede impegnati sacerdoti, cooperatori, giovani. Come dimenticare don Anselmo ai fornelli cucinare pentoloni e pentoloni di pasta! Un episodio, tra tanti: una fredda sera di fine novembre, distribuiti circa 150 pasti e terminate tutte le provviste (compresa la cena dei sacerdoti, offerta in extremis ad una famiglia bulgara derubata dei passaporti e infreddolita), arrivarono oltre trenta persone. Che fare? L’unica cosa rimasta in frigo era un poco di Philadelphia. Con animo fiducioso, don Anselmo ci ricordò che don Guanella avrebbe invocato la Provvidenza e così facemmo anche noi: dopo pochissimo tempo si presentarono due fornai della vicina Rosarno con due ceste piene di pane e uova! Un’altra caratteristica di don Anselmo era la sua capacità di entrare in relazione con tutti: riusciva a comunicare anche con i più giovani nonostante la sua età! Spesso andavamo insieme per momenti di animazione nelle comunità delle suore per incontri con i cooperatori e con i ragazzi: essi intuivano che per lui non erano un peso, non barava, era autentico e coerente, spesso ironizzava anche sui suoi stessi difetti, guardava i più piccoli con sincerità e ciò che diceva o faceva era dettato dall’amore. La sua peculiarità era la disponibilità ad amministrare il sacramento della Confessione anche nei ritiri per le suore stesse: per dispensare il perdono di Dio non si tirava mai indietro ed era capace di rimanere per ore in confessionale dove, qualche volta, faceva anche un breve pisolino! Quando penso a don Anselmo Gandossini lo identifico come quel servo umile e inutile: non si è mai dato importanza da solo e ha saputo fare della sua inutilità una ricchezza, manifestando una serena e generosa obbedienza al Signore, soprattutto quando veniva interpellato dai superiori per andare a svolgere il suo ministero nelle comunità delle nostre due Provincie. Ritornando alla citazione dell’Evangelista Luca 17,10 (Siamo servi inutili...) credo che, attraverso l’esperienza di vita di don Anselmo, il Signore ci voglia dire che ciascuno di noi è importante, necessario, indispensabile ai suoi occhi. È Lui, però, che conferisce l’importanza, noi dobbiamo rimanere sempre nella nostra inutilità e, quando abbiamo fatto ogni obbedienza, dichiararci servi inutili.
Al contrario, se non obbediamo, non siamo inutili, ma oziosi, infingardi, fannulloni. È questa la vera relazione dell’umiltà inutile da riscoprire, vivere, osservare che caratterizza la vita dei veri servi del Signore: don Anselmo è stato per noi testimone, come servo inutile e fedele ha fatto quello che doveva fare! Nel ricordo bellissimo che ho di don Anselmo gli dedico questa mia preghiera con tanto affetto:

Eccomi pronto, o Padre, per fare la tua volontà,
per diffondere il tuo progetto di salvezza.
per far conoscere ai fratelli la tua paternità.
Eccomi pronto, o Gesù, per predicare il tuo Vangelo,
per far conoscere alle genti il tuo nome benedetto,
per partecipare agli altri la gioia di essere fratelli.
Eccomi pronto, o Spirito santo,
ad andare nel mondo intero
per proclamare le meraviglie del tuo amore,
per gettare nel mondo semi di Vangelo,
per chiamare gli uomini e le donne
a formare con noi la Chiesa di Cristo.
Aiutami, o Dio, a cogliere
la preziosità della mia missione
e a corrispondere con generosità
al messaggio di vita
che sboccia infallibile dal tuo cuore,
o Signore, amante della vita. Amen.

Don SANTINO MAISANO

 

 

Padre Germán Cardozo

" ...Con gratitudine conserva memoria di coloro che il Padre ha già chiamato nella sua Casa: alla divina misericordia affida la loro vita ed eleva suffragi..." (Cost. n.23)

 

Nato a Coronel Bogado (Paraguay) il 17 luglio 1953
Noviziato a Lujan il 15 agosto 1998
Prima Professione a Lujan il 15 agosto 1999
Professione Perpetua a Tapiales il 7 dicembre 2002
Sacerdote ad Asunción il 5 luglio 2003
Morto a Caaguazú il 6 novembre 2018
Sepolto nel cimitero di Caaguazú

 

El padre Germán Cardozo nació el 17 de julio de 1953, en Coronel Bogado (Paraguay). Fue bautizado el 2 de noviembre de 1957, en la iglesia de su pueblo. Hizo los estudios de ninel Primario y Secundario en la Escuela Normal de Profesores; cursó estudios de secretariado ejecutivo y dactilografía, y trabajó como docente por dos años. A los veinte años comenzó una experiencia de seminario en la Congregación del Verbo Divino que duró desde 1978 a 1982; terminada la filosofía se retiró para discernir mejor sobre el carisma. Por su cuenta, cursó la teología en la Universidad Católica, en un camino de discernimiento; trabajó en la Municipalidad de Asunción y como gerente de recursos humanos y ventas en una empresa de importaciones. Dialogaba con su párroco sobre sus permanentes inquietudes vocacionales. Luego escribió al P. Fabián Rodríguez y se entrevistó con él en abril de 1994. Se presentaba como una persona adulta y manifestaba inquietud para la vida religiosa y sacerdotal, con el deseo de conocer la Obra Don Guanella. Fue escuchado atentamente, comentando también que completó el estudio de teología en la Universidad Católica. En los meses siguientes continuó el dialogo y dirección espiritual, ejercitándose también en el voluntariado en el Hogar de Ancianos de La Piedad (Py) los fines de semana, ya que trabajaba en la empresa de importaciones. Germán era la típica persona ya formada, madura en el trabajo y en el roce con la sociedad, con sus convicciones, equilibrio y serenidad, siempre paciente, conforme y tranquilo. La experiencia en el Hogar La Piedad le sirvió como un primer paso de formación en el servicio a los pobres y el contacto con la Congregación.
El 22 de febrero de 1995 viajó a Tapiales (Bs. As.) con otros cinco compañeros, para ingresar al aspirantado y seguir un curso formativo en el Instituto de los Dominicos. El 8 de setiembre fue admitido al postulantado. En 1996 fue enviado a la comunidad de La Piedad para un mejor discernimiento de su vocación guanelliana. En 1997 fue trasladado a la comunidad de Areguá, en vista de una preparación más intensa para ser admitido al Noviciado. En el mes de febrero de 1998 hizo los Ejercicios espirituales en Tapiales y luego ingresó al Noviciado de Luján (Bs. As.), siendo su Padre Maestro el P. Angel Gottardi. El 15 de agosto de 1999 emitió la Primera Profesión en la Basílica de Ntra. Sra. de Luján, en manos del P. Carlos Blanchoud. En los dos meses posteriores fue aprestar su servicio carismático en el Hogar San Ricardo de Batuco, Santiago (Chile). Luego estuvo en Madero (Bs. As.), dando catequesis en el colegio, con el seguimiento formativo en el seminario de Tapiales. Frecuentó como alumno extraordinario el Instituto teológico salesiano para ponerse al día en algunas materias de teología, que había estudiado en carácter de laico.
En el año 2001 se integró a la comunidad de Tapiales a fin de continuar la formación; el 13 de febrero de 2002 fue a Limache (Chile) para la experiencia del tirocinio, en el servicio de los Buenos Hijos adultos, siempre atento y servicial, muy aceptado por todos y cercano a la gente, bondadoso por su carácter y edad madura, no basado en sentimentalismos sino en una actitud real y práctica, con buen espíritu guanelliano. Profesó en perpetuo en la parroquia de Tapiales (Bs. As.), en manos del P. Enrique L. Messina, el 7 de diciembre de 2002. Recibió el Diaconado por Mons. Mario Poli, Obispo auxiliar de Buenos Aires, en la Parroquia Tránsito de San José, el 12 de diciembre de 2002. Fue ordenado sacerdote por Mons. Pastor Cuquejo, Arzobispo de Asunción, en la parroquia de San Miguel, el 5 de julio de 2003. Su ritmo vital era un poco lento, pero hacía bien lo que sabía, con serenidad y tranquilidad; su oración y devoción eucarística era normal, con espontaneidad y sencillez, con fidelidad en los horarios comunitarios. Se lo veía en la madrugada con su mate calentito y le gustaba pasar bastante tiempo charlando y mateando, registrado esto como un valor cultural. Vivía pobremente, sumiso y obediente, necesitando una comunidad que lo apoye en sus comprensibles limitaciones y a la vez entregando su mansedumbre. Los superiores lo cambiaban a menudo de comunidad, según las necesidades que iban surgiendo en la Provincia, y él estaba siempre disponible. Desde el comienzo de su vida en la Congregación mostró estructura mental y vivencial ya formada, capaz de enfrentar y superar dificultades sin desestabilizarse, respetuoso, amable y humilde, no obstante las pruebas, críticas e incomprensiones que a veces recibía; pero sobresalía en él un comportamiento noble y de buena compañía. En los últimos tiempos, a causa de alguna enfermedad, quedó un poco abatido en su salud y desmejoró su ritmo de vida. Su última comunidad fue Caaguazú, donde había llegado desde La Piedad, en marzo de 2018. Se lo vio un poco más activo y vivaz. Lo sorprendió la muerte en su habitación, en la madrugada del martes 6 de noviembre de 2018: pero era el Señor que lo tomaba de la mano y lo llevaba a la Pascua gloriosa. El querido Padre Germán es velado en la parroquia San Francisco y el miércoles a las 11 horas, se celebra la Misa exequial por su eterno descanso en la Patria celestial.
Por ahora sus restos estarán descansando en el cementerio de Caaguazú.
«Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra» (Mt 5,4). Gracias P. Germán por tus ejemplos de bondad y sencillez guanelliana: un Siervo de la Caridad.

P. CARLOS BLANCHOUD

 

Padre Antonio Fortunato

" ...Con gratitudine conserva memoria di coloro che il Padre ha già chiamato nella sua Casa: alla divina misericordia affida la loro vita ed eleva suffragi..." (Cost. n.23)

Nato a Oppido Lucano (PZ) il 22 ottobre 1939
Entrato a Roma Sem. Mons. Bacciarini il 1o ottobre 1952
Noviziato a Barza d’Ispra il 12 settembre 1956
Prima Professione a Barza d’Ispra il 12 settembre 1958
Professione perpetua a Chiavenna il 12 settembre 1964
Sacerdote a Oppido Lucano il 1o aprile 1967
Morto a Perugia il 9 ottobre 2018
Sepolto nel cimitero di Perugia-Montebello

 

Ciao, Ciccillo... Così ti chiamavamo confidenzialmente, dopo quel famoso teatro in cui impersonavi il commissario di polizia napoletano CICCILLO CACACE. Quel nome ti si addiceva molto bene, soprattutto per la tua grande simpatia per il popolo napoletano, pur essendo tu nativo della Basilicata, nell’ottobre del 1939, proprio l’anno in cui iniziava la seconda Guerra mondiale, come tanti compagni della nostra classe. La tua famiglia, povera, onesta e laboriosa, ti ha subito affidato al Signore, presentandoti al fonte battesimale lo stesso giorno della tua nascita. Il Signore ha accettato questo bel dono e ti ha chiamato a divenire suo ministro già dagli anni delle elementari. Il tuo parroco aveva visto in te ottime doti, immaginandole al servizio del popolo di Dio e dei poveri. Dopo la quinta, ci raccontavi, fosti accompagnato al seminarietto dei Padri Rogazionisti che avevano aperto una loro presenza a Marano di Napoli. Eri felice, dicevi, e avresti continuato in questa Congregazione religiosa, se non fosse intervenuto tuo cognato che era stato, per diversi anni, seminarista nella nostra Congregazione. Fu lui a indirizzarti a Roma, nel seminario guanelliano di Via Aurelia Antica. Gli anni degli studi ginnasiali invece li compisti in un piccolo centro della Brianza, Anzano del Parco, dove nel frattempo i nostri Superiori avevano aperto un seminario bello e grande che ospitava studenti dalla prima media alla quinta ginnasio. Ti aggiungesti a noi, con tanti tuoi compagni di Roma, in quarta ginnasio, altri erano giunti l’anno precedente. Eravamo un bel gruppo: due sezioni di quarta ginnasio, quasi 60 studenti, sotto la guida simpatica e amorevole di don Giuliano Rizziero. Era il 1954. Due anni passano presto e ti ritrovasti con noi a far domanda per entrare in Noviziato. Partimmo solo in 27 ed era il 1o settembre 1956. Ricordo che tra tanti depennamenti di amici, tu ti mostrasti quasi sorpreso di trovarti nell’elenco dei futuri novizi: tu di carattere sei sempre stato un po’ timoroso, la fiducia nelle tue buone capacità a volte veniva meno, sia negli studi che nel procedere formativo...e noi un po’ ti sfottevamo e un po’ ti incoraggiavamo, ma ti sentivamo fortemente in cammino con noi. Da parte mia avevo stretto con te una bella amicizia, nella quale non mancavano vari “sfottò” e scherzi vicendevoli e ricordo che mi eri prezioso per copiare la musica, data la tua bella scrittura ordinata e precisa. Conservo ancora le partiture da te copiate. Anche i due anni di noviziato passarono veloci e fosti ammesso alla prima professione: era il 12 settembre 1958. Il numero si era ulteriormente ridotto, ma in compenso era maturata tra noi rimasti una fratellanza che il tempo non ha mai infranto: ci sentivamo fratelli e confratelli, tutti entusiasti di seguire Gesù, nel carisma guanelliano, ovunque ci avesse chiamati alla missione di servizio di carità cui ci eravamo votati. E venne presto anche il tempo della missione. Le necessità della Congregazione infatti ci chiamò al tirocinio quando ancora dovevamo terminare il liceo classico. E fu così che a completare la terza liceo fummo inviati in diversi Istituti come educatori di ragazzi: chi a Cassago, chi a Gozzano, chi a Lecco. Io e te, con altri quattro compagni fummo inviati a Lecco. Ad ognuno fu assegnato un nutrito gruppo di ragazzi e... via al lavoro: scuola al mattino, lavoro con i ragazzi nel pomeriggio e studio durante la notte o all’alba. Fu un anno di grossa sofferenza, ma ce l’abbiamo fatta. Ma la sorpresa era dietro la porta: al termine dell’anno scolastico i Superiori ci comunicano che il Tirocinio che da 1 anno era passato a 2 anni, per noi era stato programmato per 4 anni. Le reazioni furono diverse e varie: tu, mi ricordo, ti avvilisti, e, come alle volte ti capitava, qualche improperio volò: non ricordo però in quale direzione! Il cacio sui maccheroni però venne dopo, quando assegnarono 3 di noi su cinque alla lontana casa di Naro in provincia di Agrigento: la motivazione del direttore locale, tra il serio e il faceto, fu: siete “terroni” e vi troverete bene tra la vostra gente. A dir la verità, ti ricordi, Ciccillo, lo prendemmo come un onore e dopo pochi giorni eravamo sul treno per la Sicilia. Non ti voglio ricordare quello che combinammo in quel viaggio... non si addice per un necrologio; del resto tu più volte l’hai raccontato questo viaggio aggiungendovi particolari esilaranti a noi sfuggiti o inventati da te sul momento. L’accoglienza a Naro non fu delle migliori. Il buon don Leo Brazzoli era su tutte le furie: ci aspettava per le 19,00 e ci presentammo alle 23,30. E dovevamo rinnovare i voti proprio entro la mezzanotte di quel giorno. Così facemmo. Era il 12 settembre 1960. Le cose poi a Naro presero il verso giusto. Don Leo e poi don Luigi Galli che ci accompagnarono come superiori espressero più volte stima e simpatia e noi, e a dire il vero, riteniamo quei 3 anni i più begli anni di vita religiosa prima del sacerdozio. Ricordo il tuo impegno con i picciriddi di San Calò: è stato encomiabile, non ti sei risparmiato un minuto e, dato il tuo carattere espansivo hai legato molto con tante persone che venivano in piazza, dove i nostri ragazzi giocavano. Bellissimo il legame con alcuni anziani che ti facevano dono della loro cultura popolare con canti, poesie e citazioni bibliche. Il rientro in casa di formazione a Chiavenna, dopo 4 anni, ai primi di settembre del 1963, fu un po’ traumatico per te e anche per me. Ricordo bene che giunti alla salitella del “Pozzoli” (così la chiamavamo) ci fermasti tutti e 4 e dicesti queste testuali parole: “Amici contiamo i passi di libertà che ci rimangono”. Una bella risata e via contando passo dopo passo...Gli studi teologici, pur non frequentando nessuna università, furono molto seri, con esami trimestrali, semestrali e finali. Tu ce la mettevi tutta, ma non per fare bella figura, quanto invece perché ti sentivi sempre non ben preparato. E non era vero. Tu studiavi e studiavi sodo. Quante volte ti ho incrociato con il libro di morale o di dogmatica sotto il braccio a salire verso il Belvedere basso o verso quello alto, per poi imboscarti dove non sono mai riuscito a scovarti. Anche gli anni di teologia, tra impegno scolastico, relax invernale sui campi di neve, relax estivo tra le montagne di Gualdera e un po’ di missione pastorale nei paesi limitrofi, sono passati velocemente. Le grandi tappe diventavano sempre più prossime: professione perpetua, diaconato e presbiterato erano nei tuoi sogni, come in quelli di tutti noi. Un dispiacere però: il nostro gruppo si era notevolmente assottigliato: della sessantina della terza media e quarta ginnasio eravamo rimasti solo 12 chierici e un fratello laico. E la consacrazione sacerdotale che tu ricevesti al tuo paese, Oppido Lucano, il primo aprile 1967, come buona parte di noi nei nostri rispettivi paesi, fu donata solo a 12 confratelli. Terminato il quarto anno di teologia fummo inviati alla nostra missione di Servi della Carità. Tra tanti sentimenti di gioia e di entusiasmo di novelli sacerdoti pronti a dare tutta la vita per Cristo, un dispiacere: il gruppo, tanto affiatato, si separava ancora e questa volta per sempre. Tu partisti per Bari, io per Milano e da allora le nostre strade si sono incrociate solo in alcuni momenti formativi o di preghiera o di celebrazione di Congregazione. Mi ci siamo sempre tenuti in contatto e ricordo che mi scrivevi da Bari narrandomi del tuo lavoro, della tua salute, del tuo rapporto con i Superiori e soprattutto per aver raggiunto un altro tuo grande sogno: frequentare gli studi pedagogici nell’università: conseguisti la laurea con una votazione molto alta e ne andasti fiero, anche perché ti costò molta fatica: qualche frequenza e studi solo la notte...dovendo attendere ad oltre 50 minori per tutta la giornata. Da Bari passasti a Fasano, prima come educatore e poi come economo. La situazione della Casa di Fasano era molto precaria a quel tempo, ma la tua abilità anche amministrativa seppe risollevarla. Eravamo già nel 1986 quando sei ritornato a Bari, ma qui, invece di minori, trovasti anziani e anziane, bisognosi di una buona parola, di un sorriso, di una barzelletta. E in questo tu eri maestro ed hai profuso questo dono di natura ad ampie mani. Dopo una decina d’anni l’obbedienza ti invia in un’altra delle nostre Case dedite a sollevare miserie umane. Si tratta dell’Istituto per disabili mentali di Perugia. Anche qui le tue doti umane, oltre che alla tua preparazione culturale ti fanno stare vicino a questi nostri fratelli facendo loro sentire il tuo affetto, la tua fratellanza oltre che la cura economica per il quotidiano. Gli elogi che ho sentito il giorno dei tuoi funerali a Perugia sono stati una vera dimostrazione di affetto da parte di confratelli, operatori e ospiti... mi sembrava più un panegirico che un elogio funebre...è mancato solo il grido «SANTO SUBITO...» che oggi va di moda. A parte gli scherzi, caro don Antonio, la tua è stata una vita di un autentico SERVO DELLA CARITÀ. Non ti sei mai risparmiato, ovunque hai dato soccorso, con la tua vicinanza, con la tua parola, con il tuo interessamento e spesso anche con mezzi economici. Il Signore, soddisfatto di te, ha messo fine al tuo pellegrinaggio terreno e ti ha aperto le porte della Dimensione Eterna, il 9 ottobre scorso, mentre attorniato dai confratelli ti rivolgevi a Lui, per Maria, con la preghiera del santo rosario. Che bella partenza! L’Ave Maria spezzata sul tuo letto di morte è continuata in cielo, attorniato dal nostro Padre San Luigi Guanella, da tutti i confratelli che ti hanno preceduto e dai tuoi genitori e familiari che hai potuto riabbracciare.
Ora sei nella pace e nella luce di Dio: ricordati di me, dei nostri compagni, rimasti in 9 e di tutti i confratelli e consorelle dell’Opera. A presto.

Don PIERO LIPPOLI

 

Padre Giancarlo Schievano

" ...Con gratitudine conserva memoria di coloro che il Padre ha già chiamato nella sua Casa: alla divina misericordia affida la loro vita ed eleva suffragi..." (Cost. n.23)

CARISSIMI, mercoledì 11 mazo, a Como, in Casa Divina Provvidenza è tornato alla Casa del Padre il Caro Confratello DON GIANCARLO SCHIEVANO di anni 78.

 

Il pensiero del Superiore Generale, Don Umberto Brugnoni:

"Caro don Giancarlo,
Arrivederci in cielo.
Ci hai lasciati così in fretta e in un momento difficile per tutti noi tanto da non poterti dare un bacio sulla fronte e una benedizione. Un confratello dell’America Latina mi ha scritto oggi ricordandomi tue parole ripetute in più occasioni: nel mio funerale non parlate, per favore, di me, ma dite solo un breve e semplice pensiero sulla parola di Dio. Don Marco farà certamente questo.
A me allora, a nome di tutti i confratelli che ti hanno conosciuto, stimato e amato il saluto fraterno e grato per quanto di bello e grande ci hai voluto dire con la tua vita semplice, ma sempre disponibile a chi aveva bisogno. Grazie!
In questi giorni, chiusi in casa, abbiamo più tempo per la preghiera, il raccoglimento, il silenzio. Penso che guardando la Parola di Dio di oggi, tu ci possa raccomandare di risentire e meditare più volte le parole del Salmo 104: ricordiamo, Signore, le tue meraviglie! Tu non sei, Signore, il Dio-responsabile del coronavirus, Tu per noi sei il Dio che ci ha liberato dalla schiavitù di Egitto e ci ha portato attraverso il deserto fino alla nuova terra dove scorre latte e miele. Sei il Padre che ci ha amato così tanto da dare il Figlio unigenito, perché se crediamo in Lui avremo la vita eterna.
La schiavitù, la sofferenza, la prova passano presto, ciò che resterà per sempre sarà il tuo eterno amore per noi. Questo non finirà mai e la vita sacerdotale di don Giancarlo ne è una eloquente testimonianza. Lode e onore a te, Signore Gesù!
Riposa nel Risorto caro don Giancarlo; sul cuore di Colui che hai sempre voluto ascoltare, amare e imitare nella tua vita di sacerdote e di guanelliano. Arrivederci in Paradiso!"

Como, 13 marzo 2020                                                                                                                                    Padre Umberto

 

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