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Formazione Permanente - SPAGNOLO

LA MISIÓN GUANELLIANA
EN EL CORAZÓN DE LA IGLESIA, PARA EL MUNDO

Con el ‘Decretum laudis’ de la Santa Sede, 'Humanis miseriis sublevandi' de agosto de 1912, la Congregación de las Siervas de la Caridad-Obra Don Guanella recibe el primer reconocimiento oficial de su misión y posteriormente, en 1928, la aprobación de sus Constituciones, que en la formulación actual se expresan de la siguiente manera:

El Espíritu Santo, con el fin de revelar al mundo que Dios provee a sus hijos con solicitud amorosa de Padre, llamó al Fundador, le infundió su Espíritu de amor y le envió a aliviar las miserias humanas (C 1).

y más adelante:

La llamada divina nos inserta en el corazón de la Iglesia, haciéndonos más profundamente partícipes de su misión en el mundo y, particularmente, de su compromiso en favor de los pobres.
En la Iglesia debemos ser testimonio de la bondad paternal de Dios y del valor sagrado de todo hombre, incluido el menos dotado, según el mandato del Señor: «Amaos los unos a los otros, como yo os he amado» (C 6).

La Iglesia ha recibido del Señor Jesús el mandato de evangelizar; ella nos hace participes de su misión y nos llama a su servicio. Nuestra Congregación, como todas las demás, es un don del Espíritu Santo a la Iglesia, ya que el Espíritu es quien guía a la Iglesia en el cumplimiento de su misión universal de salvación, en la que nosotros colaboramos respondiendo a determinadas exigencias de su misión.
En la Iglesia no somos una realidad independiente, sino una célula viva, en profunda comunión de vida con todo el Cuerpo Místico, comprometidos con él a sembrar y consolidar el Reino de Cristo en las almas y a expandirlo en todos los rincones de la tierra.
El título fundamental de nuestro ser como Congregación y de nuestro trabajo en la Iglesia reside precisamente en la especificidad con la que el Espíritu nos ha suscitado y con su ayuda nos sigue pidiendo: es decir, el ‘don y tarea’ de servir a los pobres como Siervos de la Caridad.
Desde sus inicios, la Iglesia se ha preocupado por el servicio a los pobres y ha encomendado esta tarea particular a algunos de sus miembros (cf. Hch 6, 1-7).
"La Iglesia reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador, Jesus Cristo pobre y sufriente y se preocupa por aliviar su pobreza y servir a Cristo en ellos" (LG 8). Ejerciendo el ministerio de la caridad participamos de este compromiso de servir al Señor Jesús como nos lo pide el Fundador: "Los Siervos de la Caridad, trabajando con energía en el cuidado de los pobres ...harán obra de gran gloria a Dios ... Para convencernos de esto, es suficiente recordar las más importantes enseñanzas de Jesucristo quien nos dice que todo bien hecho al último de nuestros hermanos y al más desafortunado de ellos es como si lo hacemos a Jesucristo” (Reg. 1910).
El pobre es Cristo. "A los más pobres y abandonados se les debe no sólo un afecto de caridad, sino estima de veneración, porque representan más de cerca a Jesucristo" (Reglamento de 1899, Constituciones 1911).
A través de nuestra misión, el Espíritu recuerda a los creyentes que "sólo el amor de Jesucristo es un tesoro celestial" (Reg. 1905), que sólo en el servicio a los pobres está la verdadera identidad del cristiano, y que por eso serán juzgados por el amor: “Jesucristo dirá a los justos el día del juicio final: tuve hambre ... y me habéis provisto de todo; ¡arriba pues!...,mi paraíso es vuestro paraíso" (Reg. 1910).

La misión como don de gracia

“Como si no fuera suficiente que el corazón de nuestro Padre que está en los Cielos nos haya dado la Santa Iglesia por madre y maestra, El quiso que en ella y a través de ella surgieran otras sociedades particulares para responder a las necesidades especiales de las almas que El consideraba de especial predilección. Estas sociedades son precisamente las Órdenes religiosas y las numerosas Congregaciones religiosas adaptadas a las necesidades individuales de los hombres y en respuesta a los signos de los tiempos ". Estas palabras que el Fundador escribió como introducción al Reglamento para las Hijas de Santa María de la Providencia en 1911 expresan su íntima persuasión que su Obra, brotada del Corazón de Cristo, nace en la Iglesia y para la Iglesia, no solo como un hecho legal sino mucho más: como don de gracia.
Por eso nuestra misión está íntimamente ligada a la misión de la Iglesia, puesta por Cristo como sacramento de salvación para todos los hombres e interiormente animada por la presencia del Espíritu Santo.
En efecto, el Espíritu Santo, libre de distribuir todos aquellos dones que contribuyan a expresar la riqueza espiritual de la Iglesia de Cristo, suscitó nuestra Congregación a través de don Guanella y nos ha llamado en esta Congregación a participar de su misma y de su misión.

El Espíritu del Señor quiso nuestra Obra para enriquecer la Iglesia con las características de nuestro espíritu y de nuestra misión específica: por tanto nosotros queremos expresar el misterio de Cristo que, habiéndose hecho servidor de los hombres, se inclina sobre los más débiles y les revela el amor compasivo y misericordioso del Padre.
Con nuestra misión queremos ser en la Iglesia testigos vivo de la misericordia del Padre y estímulo continuo para que la Iglesia anuncie y viva el programa mesiánico de Cristo, que es precisamente un programa de misericordia.
Nuestra misión, por tanto, no consiste principalmente en "obras" o "actividades" externas, sino en ser memoria viviente de este aspecto del misterio de Cristo con el compromiso de hacerlo visible en la Iglesia y en el mundo, poniéndonos a disposición de quienes son particularmente probados por la miseria y el sufrimiento.
"El Instituto que ha surgido en medio de muchas contradicciones, en mucha pobreza, confiado más a la Providencia de Dios que a la prudencia humana, debe saber seguir su camino y demostrar al mundo que Dios es el que provee a sus hijos con la solicitud propia del Padre” (Reg. 1905).
Nuestra misión se concretiza mediante el "apostolado" en el sector de la caridad, que involucra a todas las personas que, de diferentes formas y grados, forman parte de la única Familia guanelliana (Sacerdotes, Hermanos, Hijas de Santa María de la Providencia, Cooperadores) bajo la guía de los "Pastores" de la Iglesia.
En el cumplimiento de nuestra misión de caridad nosotros recorremos el camino concreto para responder a la vocación personal a la santidad y para construir el Reino de Dios en las estructuras de la sociedad humana. Nuestra acción caritativa, que nace del don del Espíritu Santo, considera el Corazón de Cristo, horno ardiente de caridad, como nuestro modelo más alto de vida y tiene como finalidad la de llevar a los pobres a sentirse y a vivir como hijos de Dios Padre.

Al servicio de la Iglesia universal

“Somos enviados a los pobres sin distinción
de raza, nacionalidad o religión,
y con mayor urgencia, cuanto más vulnerables sean
en su dignidad de hombres e hijos de Dios" (C 64).

Nuestra Congregación, don de Dios a toda la Iglesia, por su naturaleza y por su misión específica de testimonio de la caridad misericordiosa de Cristo, está destinada a ser universal por su naturaleza porque la caridad es difusiva. No podemos mantener como posesión exclusiva el don recibido!
El Fundador escribió: "Nuestro Salvador, al ordenar a sus apóstoles: - vayan y prediquen el Evangelio a toda criatura, nos comunicó también un espíritu de difusión y nos enseñó a llevar a tierras lejanas esa fe por la cual nos glorificamos del nombre cristiano” (Reg. 1911 para FSMP).
Nuestro XIII Capítulo General (1993) que trató específicamente el tema de la misión guanelliana expresó este deseo, que también es válido hoy: "Deseamos que este anhelo del santo Fundador permanezca siempre vivo en los cohermanos y prepare 'nuevas horas de la Providencia'. Don Luis Guanella con el compromiso moral que dejó a sus congregaciones 'el mundo entero es tu patria' demostró con convicción que la caridad es la levadura necesaria para el progreso de toda sociedad y cultura, y que no puede haber evangelización sin el testimonio de la caridad”.
Además de la expansión geográfica, es muy significativo el encuentro de la misión guanelliana con 'culturas' y 'mentalidades' diferentes a las típicas de finales de 1800 en la Lombardia donde nació la Congregación ... Reconocemos la importancia y urgencia de este compromiso de ‘traducir’ la inspiración fundamental de don Guanella a los contextos de los diferentes entornos en los que venimos a trabajar. Ya el Fundador recomendó a nuestras Hermanas enviadas a Estados Unidos que se comprometieran a estudiar el idioma, las costumbres y la historia de ese pueblo para ser auténticos testigos de la caridad y sentirse plenamente integrados en la sociedad (cf. Vieni meco per le Suore missionarie).
"Junto a nosotras [los Siervos de la Caridad], comprometidos con la misma misión, trabajan las Hijas de Santa María de la Providencia ... y los Cooperadores guanellianos" (C 77) ... Este es también un signo elocuente de la universalidad de la misión guanelliana: la pluralidad de vocaciones: Sacerdotes y Hermanos Siervos de la Caridad, Religiosas FSMP, Laicos guanellianos en sus diversas formas de cooperación y que pertenecen a diferentes países pueden aportar al carisma la riqueza de las diferentes culturas de donde proceden.

Solidaridad con la Iglesia local

Nuestra forma concreta de servir a la misión de la Iglesia universal es servir a las iglesias particulares donde se encuentran nuestras comunidades apostólicas.
Dedicándonos a llevar el ardor de la caridad donde más se necesita, por nuestra vocación guanelliana estamos llamados a colaborar en la pastoral de las Iglesias locales, incluso en los ámbitos donde es más necesario acompañar el primer anuncio del Evangelio con el testimonio de la caridad. Y es precisamente en la diversidad de situaciones de pobreza donde se percibe más urgente la llamada a estar abiertos a extender la tienda de la caridad. Es por fidelidad a nuestra misión que nosotros debemos ser capaces a interpretar los signos de los tiempos y las circunstancias concretas para adaptar nuestro apostolado caritativo a la situación local y a los cambios que se producen en el mundo.

Nuestro ser para el mundo

"Es necesario que las Obras de la Divina Providencia no vivan demasiado por sí mismas, sino que compartan tanto su espíritu como su acción con su entorno, porque su naturaleza es expansiva y debe ejercitarse no solo dentro de los muros del Instituto, sino también en el ciudades y pueblos donde residen nuestras Comunidades, esforzándose por difundir y despertar la fe y la caridad en todas partes” (D.L.G.).
Nuestra vida como religiosos se nutre del contexto social y cultural en el que estamos insertos y con el que colaboramos.
Ciertamente reconocemos válida, especialmente hoy, la invitación hecha por nuestro Fundador a salir de las sacristías para entrar en mayor diálogo con la cultura para discernir y apoyar aquellos valores que más corresponden al Evangelio y por el bien de nuestros hermanos más necesitados. En efecto, debemos decir que en la sociedad hemos perdido credibilidad en las competencias de carácter secular, particularmente en los aspectos profesionales y técnicos requeridos para nuestra misión y en los conocimientos administrativos requeridos por la complejidad de nuestras Obras y por el constante cambio que se produce en la sociedad.
En nuestra relación con el mundo de hoy, si por un lado somos muy estimados por la gente por nuestro servicio social, debemos admitir que no somos demasiado buscados y seguidos como evangelizadores y expertos en las ramas pastorales que más corresponden a nuestro carisma.
Hoy los religiosos ya no son los únicos que se dedican a los pobres, como sucedía en la época de nuestro Fundador y hay que reconocer también que la sociedad ha avanzado mucho en el campo de la asistencia social, tanto que es imposible, de parte nuestra, adquirir toda la profesionalización técnica requerida para nuestra misión, que nosotros compensamos con la contratación de laicos competentes, para poder dedicarnos con más capacidad evangelizadora a equilibrar bien nuestro trabajo para dar suficiente 'Pan y Señor' a nuestros pobres ya la sociedad a la que somos enviados.

 

 

***** Como lectura recomendada sobre el tema, puede encontrar el plan pastoral 2009-2010 traducido a varios idiomas en el SITIO www.operadonguanella.it

 

PROPUESTA DE FORMACIÓN PERMANENTE ON-LINE
Como se anunció en Guanella News a finales de septiembre, esta es la propuesta de Formación Permanente (F P) para todos los cohermanos para el período desde octubre 2020 hasta junio 2021.
EL tema será LA MISIÓN
La propuesta se realizará con estos pasos:
1. Envío a todos los cohermanos VÍA E-MAIL de una NEWSLETTER en 4 idiomas, con el texto sobre el que reflexionar personalmente o en la Comunidad.
2. Posibilidad de enviar las reflexiones o cuestiones planteadas por el texto a la dirección de correo electrónico: formazionepermanente@guanelliani.it para suscitar el diálogo en la Congregación sobre el tema.
3. En la Curia General se recogerán las reflexiones recibidas que se resumiràn y se reinviaràn a todos, mientras se intentará dar respuesta a las preguntas que lleguen.
4. Este es el esquema de los envìos:

a. Un primer envío en octubre para INTRODUCIR EL TEMA de la MISIÓN.
b. Un segundo envío antes del Adviento con el 3er CUADERNO de Formación Permanente, siempre sobre el tema de la MISIÓN con el subsidio de una Lectio Divina de Adviento.
c. Un tercer envìo antes de la Cuaresma y luego un cuarto después de Pascua. en los que se profundizerà sobre algunos temas particulares referidos a la Misión (vuestras reflexiones o preguntas pueden ayudarnos a elegir estos temas concretos)

5. Tras el envío de la Newsletter y haciendo clic en "Lee Más...", será redirigido a la página del sitio web de la Congregación donde será posible leer e imprimir el texto completo, o descargar el adjunto (en la parte inferior de la página) en formato pdf para luego poder leerlo sin conexión. Para explicaciones o problemas técnicos, envíe un correo electrónico a: centro.comunicazione@guanelliani.it.

 

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